Germán era un joven germen mortal que dedicaba su vida a esperar el momento de atacar a los tontos humanos. Podía licuar sus órganos en escasas horas, lo cual era, según decían los gérmenes más expertos, la mar de divertido.
Sucede que, por su juventud y evidente altruismo, Germán empezó a sentirse culpable por el daño que infringía en sus víctimas. Lo pasó tan mal que intentó suicidarse devorando sus propios órganos en una especie de sacrificio ejemplar que no funcionó, particularmente porque él era un organismo unicelular, y los organismos unicelulares carecen de órganos que licuar.
Tuvo que hablar con otros gérmenes mayores, hasta que estos le dijeron que no había razones para sentir ningún tipo de culpa, que esa era su misión y que lo que le pasaba no era más que una crisis de adolescencia.
Germán quedó algo confuso. ¿Qué sería de su vida a partir de entonces? Se preparó, mientras, para darse su primer festín de tejidos humanos. Seguro que sería el primero de muchos...
lunes, 15 de mayo de 2006