Quiero que sepan, estimados compañeros, que en los malos momentos, cuando las cosas se tuercen hasta casi quebrarse, cuando no parece vislumbrarse una salida, cuando no es un ejercicio de pesimismo hiperbólico considerarse un fracasado ejemplar, cuando lo único que apetecería sería encerrarse en la madriguera y esperar que, con suerte, la siguiente primavera no floreciera nunca, en los instantes de mayor desconsuelo, esos en los que el odio al prójimo surge de forma espontánea, natural, como la vida tras la putrefacción, entonces, incluso entonces, quiero que sepan que sus desdichas no serán más que la punta del iceberg, que sus sufrimientos no han hecho más que comenzar y que todo, absolutamente todo, puede ser peor y, de hecho, es más que probable que llegue a serlo.
¿Que qué tienen que hacer para evitarlo? Buah, encima que les planteo el problema no pretenderán encima que les muestre la solución, ¿verdad?
viernes, 12 de mayo de 2006