- "Me duele la cabeza" - llegó a pronunciar, tras innumerables esfuerzos.
Desafortunadamente, ninguno de los que estaban a su alrededor hizo el más mínimo movimiento para aliviar su situación.
Aquello fue escasos minutos antes de que su cráneo estallara en mil pedazos y los trocitos de blando seso salpicaran las paredes, estamparan los vidrios de la ventana y mancharan las corbatas de aquellos que antes ignoraban y ahora lamentaban el estado de su compañero.
De los fragmentos cerebrales brotaban a borbotones unas pocas ideas agonizantes. Es lo que tienen los cerebros, instinto de supervivencia.
Algunos se apercibieron y se acercaron a recoger las ideas del compañero y guardarlas en el bolsillo de sus camisas de seda, junto a la pluma y al mechero. Ya no eran ideas de nadie, quien llegara primero se las quedaría, y sin duda el jefe sabría valorarlas convenientemente...
viernes, 19 de mayo de 2006