viernes, 16 de junio de 2006

En la nada no hay nada

Me asomo al precipicio y no veo nada. Una infinitud oscura e insondable. No me satisface tal visión, la verdad, esperaba algo asombroso, indescriptible, conmovedor.
La oscuridad ya no me provoca temor, estoy demasiado acostumbrado a vivir en ella.
Me pregunto cómo será vivir en el abismo, caer continuamente, durante una eternidad, sin ver, sin oír, con la continua sensación frustrada de que el final debe de acercarse tarde o temprano.
Caer indefinidamente debe provocar sensaciones muy parecidas a la muerte.
Doy un paso atrás. Otro. Luego tres pasos al frente, veloces, impulsados por la desesperación.
Una vez que me he lanzado al vacío, ya no hay solución.