martes, 6 de junio de 2006

Fastos nefastos

Cuando concluyó la época de perturbaciones y disturbios, cuando por fin todo volvió a la normalidad, unos y otros pensaron que, en buena lógica, era el momento ideal para celebrarlo, para organizar una fiesta tan grande como los desastres que se habían ocasionado y los disgustos que todos habían soportado en épocas anteriores.
Hubo quien incluso se atrevió a pensar en la organización de los fastos, pero fue incapaz de llegar más allá. El cansancio se apoderó de todos los que durante tanto tiempo habían luchado y tanto se habían esforzado por conseguir sus objetivos, de modo que, poco a poco y sin ningún tipo de acuerdo explícito, cada uno según le dictaba su razón, fueron retirándose a dormir.
Durmieron todos, en paz y sosiego, durante el tiempo necesario para que se parara la organización de las fiestas, las nubes en el cielo, el movimiento de rotación de la tierra y, en definitiva, la dimensión tiempo.
Y sin tiempo, como era de suponer, todos quedaron atrapados placentera y relajadamente en un sueño eterno de un solo instante de duración.