Cuando comprendió que había desperdiciado una vida para llegar a las mismas conclusiones que otros habían ya alcanzado mucho tiempo antes, cuando comprobó que no había sido único y que todo lo que había creado no era más que un calco de los pensamientos de otros, decidió sostener la teoría, impopular pero irrefutable, de que todo estaba ya inventado, de que nos repetíamos una y otra vez y de que, definitivamente, llevábamos décadas engañándonos a nosotros mismos con fantasías de evolución y progreso.
En todo el mundo se entonó, a partir de aquel momento, un eterno canto fúnebre en memoria de la originalidad perdida.
sábado, 15 de julio de 2006