jueves, 17 de agosto de 2006

Punto de no retorno

Todo va bien.
Se aproximaban al punto de no retorno, pero no había en absoluto motivos de alarma. En breves instantes ya no habría marcha atrás, cruzarían la línea invisible que separa los proyectos de las acciones.
Los controles se encontraban en orden, las condiciones climatológicas eran idóneas, los planes marchaban según lo previsto, no había razón alguna para sentirse inquieto.
Hasta que atravesaron el punto de no retorno, y los controles perdieron los estribos, y se desató una tormenta colosal, y a todos comenzó a dolerles la cabeza, desde muy dentro, desde dimensiones tan profundas como la sensación de inminente desastre, de que se encontraban irremisiblemente condenados y de que su avance era un avance hacia el vacío.
Miraron atrás, al punto de no retorno que se perdía en el horizonte, a sus espaldas, tan invisible como siempre.
Y algunos desearon no haber ido más allá de los proyectos. Las acciones tienen un problema tan simple como el de traer consecuencias.
En ocasiones, irreversibles.