martes, 12 de septiembre de 2006

Mitología urbana

¿Quién dijo que no existían las odiseas modernas?
Cuando la negra noche extendía ya su manto sobre los cielos, el héroe concluyó los arduos trabajos impuestos por los dioses. Era su destino, así que realizó un par de ofrendas y se aprestó a volver a casa.
Los dioses, sin embargo, caprichosos en su omnipotencia, decidieron plagar su camino de dificultades. Fue así que el héroe tuvo que superar innumerables pruebas antes de ver cumplido su regreso. Hubo de esperar pacientemente junto al semáforo que nunca se ponía en verde mientras veía a sus compañeros sumirse en la desesperación, jugó con los alocados vehículos kamikaze que se cruzaban en su camino, hubo de vérselas con las dificultades para aparcar, evitar las endemoniadas palomas que atacaban entre los ojos y seguir las inconexas declaraciones de un borracho que, tirado en una esquina, pretendía ponerle a prueba con un acertijo.
Cuando llegó a casa, su esposa, su Penélope, habíase cansado de tejer y yacía, rendida y exhausta, junto a uno de sus pretendientes...