miércoles, 21 de marzo de 2007

El hombre que sólo hablaba lenguas muertas

El hombre que sólo hablaba lenguas muertas tenía un tremendo problema: la incomunicación. Y es que nadie hablaba esta tipo de lenguas, de ahí el calificativo de muertas. Habitaba, pues, una especie de burbuja de aislamiento lingüístico, aunque, de todas formas, intuía que lo que los demás se decían no era, en el fondo, nada importante. De hecho, cada vez hablaban menos entre ellos, a pesar de su lengua común, tal vez porque las cosas verdaderamente importantes ya se habían dicho en las lenguas que él manejaba.
Decidió, pues, hablar con los muertos. "Los muertos hablarán lenguas muertas", pensó. Lo intentó, aunque tras varios acercamientos concluyó que los muertos habían dicho ya lo que tenían que decir, que no era poco, y prefirió dejarles descansar.
Optó, en conclusión, por dejar de hablar. Y aquellas lenguas muertas que sólo él manejaba fueron languideciendo, agonizando, hasta extinguirse no sólo como instrumento de comunicación, sino como recuerdo de una humanidad pretérita y mejor...