domingo, 13 de enero de 2008

Cuando supo que podía detener el tiempo

Cuando supo que podía detener el tiempo no le dio mayor importancia. En realidad, tampoco se trataba de una facultad tan espectacular. Pensó que detener el tiempo consistía en convertir el mundo en una maqueta a tamaño natural en la que todos permanecieran inamovibles, como estatuas de cera. Pero no. Los demás continuaban con su labor, el tiempo no pasaba y ellos ni siquiera se daban cuenta. Tan sólo después, cuando el tiempo volvía a rodar, tenían la vaga sensación de haber hecho muchas cosas en poco tiempo, y eso les alegraba.
Él aprovechaba para pasear, para hacer recados. Nunca los días fueron tan largos, ni tan provechosos. Ni siquiera se sintió especial por ello.
Tampoco se sintió distinto al resto cuando se dio cuenta de que sabía volar, de que levitaba con el único poder de su mente. Detenía el tiempo y se desplazaba volando de un lugar a otro, viajó a todas partes del mundo y ni siquiera le echaron de menos, pues siempre estaba en casa a la hora de la cena.
Sin embargo, cuando comprobó que podía viajar también en el tiempo, visitar el pasado e incluso el futuro, empezó a pensar que, en realidad, era posible que tuviera un don, y que no era plan de malgastarlo en viajes de placer y ocios gratuitos...