miércoles, 16 de enero de 2008

Soy el diablo en persona

Uno no puede dejar de sonreír al pensar en la enorme cantidad de investigadores, de iluminados, de sabios, de trastornados, de ignorantes o de desequilibrados que han buscado encontrarse con el diablo a lo largo de la historia con la finalidad más diversa, desde acabar con él a entregarse a su causa, desde plantearle cuestiones metafísicas a simplemente charlar alrededor de unos cafés.
Miles de vidas buscando la forma de invocar al diablo para que luego el diablo aparezca como, y cuando, le dé la gana. Que por algo es el diablo, que ya se preocupó suficientemente por nosotros cuando nos libró de la estupidez haciéndonos tomar del árbol de la ciencia. ¿Que de vez en cuando requiere el alma de algún inocente? Poco precio me parece para lo que su mera figura simboliza.
Y lo más divertido es que estoy convencido de que el diablo convive con nosotros, de que quizá está más cerca de lo que pensamos, de que es posible que cada día le saludemos en el trabajo, o le compremos el pan, o nos arregle las tuberías.
No me importaría que alguna vez revelara su identidad. "Soy el diablo en persona". "Encantado, ¿qué te trae por aquí?"