jueves, 19 de abril de 2012

El extraordinario poder del olvido

     Tomó lo más valioso que tenía y lo metió en un cofre que protegió con siete candados cifrados con siete contraseñas diferentes. Luego tomó el cofre y lo escondió en el lugar más recóndito que pudo encontrar, un lugar en el que nadie fuera capaz de encontrarlo, ni siquiera de casualidad, y arrebatárselo.
     Sucede, no obstante, que el tiempo, cuando no conseguimos convertirlo en aliado, se transforma en el más poderoso de los enemigos. Por otra parte, todos sabemos cuánto se odian el tiempo y la memoria.
     Así que aquel que había escondido lo más valioso que tenía en un cofre protegido por siete candados olvidó, lamentablemente, la contraseña de uno de ellos. Culpó a ambos, al tiempo y a la memoria, pero se consoló, al menos, con la idea de que el cofre seguía a salvo.
     Un día comprobó que había olvidado el lugar en el que había escondido el cofre. Lamentó no poder ubicarlo, pues en él se guardaba lo más valioso que tenía, pero al menos tenía la seguridad de que se encontraba a salvo y fuera del alcance de manos extrañas.
     Tiempo después, cuando olvidó por completo que alguna vez había guardado un cofre en algún lugar y bajo algún tipo de cierre de seguridad, no lamentó nada en absoluto, tampoco se preocupó, lógicamente, pues lo había olvidado. Mucho antes, de hecho, ya había olvidado qué era eso tan valioso que el cofre contenía, incluso había olvidado que alguna vez había poseído algo que había considerarlo tan valioso como para protegerlo, incluso, de su propia memoria...