Anacleto Arístide dio un respingo, sorprendido, cuando leyó en un artículo, oculto en una revista literaria, que Corín Tellado era la autora más prolífica de la que se tenía noticia. La asturiana escribió unos cuatro millares de novelas a lo largo de su vida, novelas que, por otra parte, fueron profusamente leídas y valoradas por un público fiel.
El segundo en la lista era Rolf Kalmuczak, autor alemán de novela negra y juvenil que llegó a escribir casi tres mil novelas.
Anacleto resopló.
El tercero no le sorprendió tanto. Lope de Vega escribió unas 1800 obras de teatro, además de miles de sonetos y otras composiciones. La fecundidad de Lope, tanto dentro como fuera del universo literario, no le era desconocida.
El artículo se completaba con otra decena de nombres, unos más conocidos que otros, todos autores de más de mil obras. Esto hizo reflexionar a Anacleto, que quedó pensativo durante un buen rato. Luego acudió a su dormitorio y abrió las puertas del enorme armario ropero.
Lo que allí había, sin embargo, no era ropa. Ante Anacleto se mostraron, como de costumbre, una inmensidad de papeles amontonados en pilas que cubrían todo el espacio. Eran sus novelas. Las había comenzado a escribir hacía mucho tiempo, una tras otra, incansable, y había llegado a acumular 50000.
Cincuenta mil historias, cincuenta mil aventuras llenas de personajes y pensamientos que, de cuando en cuando, releía con avidez, sobre todo mientras se preparaba para su siguiente creación. Eran su secreto, sus historias, sus mundos. Sólo Anacleto sabía quién era en realidad el autor más prolífico de la historia. Acarició las hojas, manuscritas con dedicación y constancia. Una vez más le brotó aquel deseo, casi blasfemo. El de hacer pública su obra. Llevaba años huyendo de aquella tentación como quien huye de la peste.
Pensó en qué sucedería cuando muriera, cuando alguien entrara en su casa y encontrara aquella biblioteca inédita en el armario. ¿Quemarían su obra de forma irreflexiva? ¿Alguien la leería y la haría suya? ¿Alguien intentaría publicarla?
Las posibilidades eran infinitas; el azar, caprichoso. Le parecía una trama fascinante, y rápidamente volvió al salón a escribirla. Sería, si todo iba bien, su novela 50001, ya fuera para la posteridad, ya para el anonimato...
domingo, 31 de enero de 2016