Iztacmixcoatzin decidió, en un momento dado, ser considerado el primer Tlatoani. Para ello se enfrentaba a un problema, el recuerdo nítido que todos tenían de los Tlatoani anteriores, de modo que trató de borrarles la memoria. Decretó que nadie, bajo pena de muerte, debía recordar a ningún Tlatoani anterior a él, pues él era el primero de una saga que duraría eones.
Muchos dijeron que sí y juraron que Iztacmixcoatzin era en efecto, el primero. Alguno, no obstante, osó preguntar: "Y, si eres el primero, oh, gran Tlatoani, ¿qué había antes?". Esos que preguntaron fueron ejecutados. No había nada antes. No debía haber nada. No había ni tan siquiera que plantearlo. Los que se rebelaron contra la memoria oficial, o la pérdida de memoria, más bien, también cayeron. Iztacmixcoatzin fue así, no sólo el primer Tlatoani, sino el origen del mundo, por más que las fechas no cuadraran con los más viejos del lugar que, según se hizo saber, fueron creados por Iztacmixcaotzin ya en edad adulta.
¿Y qué pasó? Pues que Iztacmixcoatzin murió, y le siguió un sucesor que pretendió hacer lo mismo. Que éste sucesor, supuestamente, también lo consiguió. Que, no obstante, aun hoy en día conocemos a Iztacmixcoatzin y a sus antecesores. Porque, casualmente, todos recuperaban la memoria, liberados, tras la muerte de cada Tlatoani.
"El pasado vive en la memoria de las gentes, aunque sean pocas, aunque se las fuerce a olvidar".
domingo, 28 de febrero de 2016