viernes, 19 de febrero de 2016

Vivo o muerto

     Es dura la vida del detective privado. Las calles cada vez son menos oscuras, las mujeres menos fatales, el whisky más caro y el tabaco prohibitivo.
     Las cosas no son como eran. Ahora los métodos de seguimiento han cambiado, y la gente prefiere recurrir a los adelantos técnicos de sus dispositivos antes que llamar a la puerta de un detective.
     Pero hay que sobrevivir. Por eso le abrí la puerta a ese tipo, a pesar de que no era la rubia despampanante y desesperada que todo detective espera, a pesar de su mala cara y sus modales groseros.
     Se puso ante mí y, sin molestarse en tomar asiento, se encendió un pitillo y me alcanzó un sobre de color sepia:
     - En ese sobre hay una foto. Quiero que encuentre al hombre que aparece en ella. Vivo o muerto. Le aconsejo que tenga cuidado, es un tipo peligroso. Cuando lo encuentre, transmita su situación a este número de móvil. Se le pagará bien, no se preocupe.
     No dije nada. Tomé el sobre entre mis manos, lo palpé con cuidado y saqué la fotografía.
     Juro que no la estuve mirando mucho tiempo. No me hizo falta. No necesité mucho para reconocer al individuo en cuestión. Era el mismo que me había dado el sobre, el mismo que tenía frente a mí. Pensé que se trataba de una broma pesada.
     - Este de la foto eres tú, gili...
     Cuando alcé la vista, el tipo ya no estaba. Se había esfumado como un espectro.
     - Mierda -dije en voz alta, aun sabiendo que nadie me escuchaba.
     En fin, al menos tenía un caso con el que entretenerme. Un cliente que quería encontrarse a sí mismo.
     Desde luego, la gente cada día es más absurda...