domingo, 22 de mayo de 2016

Asesinato en la finca de recreo

     Alguien había asesinado a Ricardo durante la noche. Mientras dormía, con toda seguridad. Cinco heridas de arma blanca, la última de ellas, letal, en el corazón.
     Tomás, ávido lector de Agatha Christie, Arthur Conan Doyle y Gaston Leroux, tomó la palabra.
     - Señores, el asunto está claro. Ricardo ha sido trágicamente asesinado. Lo que se suponía que iba a ser un fin de semana de reencuentro entre viejos amigos se ha convertido en una macabra escenificación.
     Todos lo miraban, boquiabiertos y asustados. Algunas de las chicas lloraban desconsoladas.
     - Ricardo nos caía bien a todos, en principio. Y digo en principio porque, como se puede comprobar, alguien le deseaba la muerte, hasta el punto de ejecutarla él mismo.
     - ¿Insinúas que el asesino está entre nosotros? -le preguntó uno de los  presentes.
     - Estamos en esta finca de recreo a kilómetros del pueblo más cercano. Alejados del bullicio de la ciudad, sí, pero aislados. Tremendamente aislados. Anoche todas las puertas fueron cerradas con llave, y cerradas seguían esta mañana, según hemos podido comprobar. Nadie ha entrado y, por lo tanto, nadie ha podido salir. Así que, en efecto, creo que podemos decir que entre nosotros hay un asesino.
     Se oyeron suspiros, algún grito ahogado, lamentos. Se observaron miradas de sospecha e inquietud.
     - Pero eso es horrible...
     - Lo es, en efecto. Y mi misión, con vuestro permiso, será encontrar al asesino.
     Tras un breve silencio, algunos terminaron asintiendo.
     Tomás respondió con sobriedad, aceptando la responsabilidad. Por dentro estaba exultante. Iba a hacer de detective en un caso real de crimen y misterio. Disimuladamente, se echó la mano al bolsillo de la chaqueta. Allí seguía, bien oculta, la daga con la que había asesinado a Ricardo.
     El asesino, desde luego, era el menos sospechoso de todos. Él ya lo conocía, claro, pero eso era lo de menos. Se lo iba a pasar genial...