lunes, 25 de julio de 2016

Dónde

     Había perdido la noción del tiempo y no tenía muy clara la sucesión de los días y las noches. En aquel cuarto oscuro y húmedo donde le habían metido no había manera de ser consciente del paso de las horas.
     Así que lo mismo podía llevar allí tres días que tres semanas. Menos, imposible. Eso seguro. Aunque los segundos, por más que se detuviera a contarlos de vez en cuando movido por el aburrimiento, se le hacían eternos.
     Le habían sacado de su casa, llevado a un edificio de pasillos larguísimos y luz tenue y freído a preguntas sin sentido. Que dónde había estado tal noche a tal hora, que de qué conocía a no sabía quién, que qué había hecho con los restos de fulanito... Todo un absurdo. Un tremendo absurdo. Un error descomunal.
     Y luego le habían encerrado allí, le habían dejado pudrirse y, cada cierto tiempo, lo recogían y le volvían a hacer las mismas preguntas, que él respondía siempre de la misma forma. Que había estado en su casa, solo, que no conocía a nadie de los referidos, que no había tocado unos restos humanos en su vida.
     Ahora comenzaba a pensar que, dado que sus respuestas eran incorrectas, pues no lo ayudaban a salir de allí, debía cambiarlas. O, lo que es lo mismo, debía comenzar a mentir para acabar con aquel estado de cosas, lo que, se viera por donde se viese, era un absurdo aún mayor y, desde luego, un tema peligroso. Porque, de la calidad de sus mentiras, de aprender a decir lo que ellos querían escuchar, podía derivarse su liberación o, y esto era más probable, su definitiva condena. No obstante, ¿no estaba ya condenado?
     Se le ocurrió otra opción: la fuga. Comenzó a mirar con atención a su alrededor. El cambio de guardia, la estructura del edificio, los agujeros de ventilación, la solidez de la estructura de los muros.
     Se dio cuenta de que estaba pensando como un delincuente, de que la fuga confirmaría su culpabilidad.
     ¿Y qué?, se dijo. Ya lo trataban como se trata a un culpable.
     Así que arrancó un alambre de la cama y, cuando nadie lo observaba, empezó a cavar para salir del lugar en el que le habían metido sin haber hecho nada...