jueves, 22 de octubre de 2020

El don de ver los efectos que proceden de las causas

     - El fin se acerca -me dijo al oído. Su voz era embriagadora, susurrante, pero sus palabras encerraban la vehemencia de un loco visionario. - Ya está aquí, puedo verlo, todas las señales encajan.

    Lo miré con paternal indulgencia.

    - ¿Estás seguro? -pregunté.

    - Completamente -contestó, y entonces empezó a dibujarme, en una servilleta, una serie de esquemas y diagramas según los cuales, a su parecer, quedaba demostrado que las señales se estaban produciendo.

    - ¿Eres profeta? -quise saber.

    Entonces, mirando a través de mí, con los ojos muy abiertos, como si a mis espaldas se irguiera una amenaza inconmensurable, contestó:

    - Yo no he buscado la profecía; ha sido ella la que me ha buscado a mí.

    Le dije que sí, que tenía razón. Sin ambages, sin ironías, con total sinceridad. Y él me miró sorprendido como si no creyera en mí.

    Le expliqué, entonces, que yo también lo veía claro, claro y diáfano, que lo tenía frente a mí y que lo raro era que no lo vieran los demás: "El fin se acerca", repetí.

    - ¿Eres profeta? -me preguntó.

    - Soy lógico -le contesté.