domingo, 11 de octubre de 2020

Un enorme latifundio

    Llegaron a donde nadie había llegado. Meses de caminos que iban descubriéndose paso a paso, veranos abrasadores y helados inviernos. Todo ello para ser testigos del paisaje que tenían delante.
    Una pradera verde se extendía ante ellos. Enorme, inabarcable. Solo las montañas recortaban el horizonte al fondo. De ellas bajaba un río caudaloso que poblaba de vegetación sus riveras.
    Todos se miraron entre sí. Los mayores, los jóvenes, los animales que los acompañaban. Era eso lo que habían buscado. Después de tanto tiempo, después de tantas penalidades, habían encontrado el lugar.
    No tuvieron que decirse nada. Aquel prado, aquella llanura verde sería su hogar, contra viento y marea, y sería necesario cuidarlo, mantenerlo y defenderlo frente a las amenazas exteriores, que seguro que llegarían.
    Una fiera rugió en la lejanía. Las peores fieras, no obstante, no pertenecían a otra especie que no fuera la suya.
    Y vendrían, seguro.
    Los más poderosos, ya antes de instalarse en su nuevo hogar, apretaban sus puños sobre sus armas y pensaban en lo duras que iban a ser las batallas para conservarlo.