Creo que mi gato no es mi gato. Se le parece, tiene el mismo pelo, intenta comportarse igual, disimular, hacerme creer que es mi gato... pero no, no lo es.
Es un gato impostor. No sabría decir con exactitud cómo he logrado desenmascararlo. Tal vez por la forma de caminar, o por la forma en que me miraba. La verdad es que había resultado un personaje muy logrado. Nadie hubiera notado la diferencia. Nadie salvo yo mismo, claro.
No tengo ni la menor idea de quién ha podido sustituir a mi gato por este otro espécimen desconocido. Tampoco sé a qué se debe el cambio, si hay tras él alguna intención oculta, si es una broma de mal gusto o si, simplemente, quieren fastidiarme.
El gato que parece mi gato, pero que no lo es, se ha acercado hoy a hacerme la pelota. Como si pudiera engañarme. Se me ha puesto zalamero, pero yo, por toda respuesta, he abierto la puerta y lo he invitado a irse.
Hala, a la calle. Suplantador.
Tras esta desagradable escena, he entrado en el cuarto de baño. Necesitaba refrescarme el rostro. Cuando me he mirado al espejo, he creído detectar que yo no era yo.
He empezado a temer, para mi disgusto, que me estoy suplantando a mí mismo.
viernes, 30 de septiembre de 2022