lunes, 23 de enero de 2023

Toda una vida

     Toda una vida, cuarenta años de duro trabajo, le había llevado al investigador la creación de su obra magna, una compilación de documentos históricos que nadie había trabajado hasta entonces y que le había llevado de biblioteca en biblioteca, de archivo en archivo, casi sin otra actividad en la vida, desde que se embarcó en ello, allá en su juventud, hasta su actual madurez.

    Aquel día iba a presentar su trabajo ante la Academia, con gran pompa y fastos y consciente, él no tenía dudas, de que su nombre pasaría a los anales de la historia bibliográfica.

    Todo iba bien, todos aplaudían su trabajo y su constancia, hasta que alguien hizo una referencia claramente malintencionada. ¿Esto no lo había trabajado ya Sikorski? Todos, entonces, callaron; todos dudaron; alguno asentía sin demasiada convicción. Alguien se levantó camino de la biblioteca y volvió con una obra de impresionantes dimensiones, el Sikorski, publicada ochenta años antes.

    Comprobaron, y cada comprobación era para él como una bofetada, que todo lo que lo había mantenido ocupado estos cuarenta años ya lo había hecho Sikorski, con mayor profundidad y compilado de forma más didáctica, hacía casi un siglo.

    "Y además", dijo alguien como puntilla final, "Sikorski no ocupó todo su tiempo en esta magnífica obra. Escribió novela, poesía, ensayos sobre filosofía, sobre la aún incipiente antropología, y sobre otra multitud de temas... incluso realizó el diseño arquitectónico del gran teatro de su ciudad".

    El investigador no dijo nada más. Sonrió con gesto bobalicón hasta que pudo marcharse a casa. Varios días después lo encontraron en su casa, muerto sobre la mesa de su despacho. Se había pasado decenas de horas seguidas leyendo el Sikorski, sin comer ni dormir, hasta que su corazón, su cuerpo y su mente habían dicho basta.