¿Cómo podía ser que algo tan pequeño poseyera un poder tan inmenso?
La observó con temor y veneración a un tiempo, como se observan esas cosas que quedan por encima de nuestra comprensión. Una pequeña esfera, casi como una mota de polvo, apenas visible. Si soplara, la perdería de vista; flotaría en el aire y caería en cualquier lugar, inencontrable hasta que desapareciera en el olvido.
Hasta que se calentara. Si se le aplicara calor, estallaría en una explosión tan enorme que, con seguridad, convertiría el planeta en polvo; que, probablemente, crearía un agujero negro de proporciones bíblicas, aunque ya no estaríamos allí para verlo; que, posiblemente, provocaría el repliegue de la galaxia sobre sí misma y, en definitiva, su colapso.
Y todo ese poder destructivo se encontraba en aquella pequeñísima esfera, preciosa, atractiva, de un verde líquido encantador.
Estuvo tentado de dejarla caer, o de soplar sobre la yema de su dedo hasta que la esfera volara y se perdiera para siempre. O, mejor aún, de arrojarla a algún fuego para provocar su estallido.
De momento, prefirió meterla en una cajita de madera y guardársela en el bolsillo. Ya buscaría el momento más adecuado para usarla. En definitiva, hay tantos momentos adecuados, a lo largo de una vida, para provocar el colapso de la galaxia...
jueves, 16 de marzo de 2023