jueves, 27 de abril de 2023

El cuento del bicho de la almohada

     No sé si conocen el cuento aquel del bicho de la almohada. Lo leí hace mucho tiempo, pero su recuerdo vuelve a mí, de tanto en tanto, como el flujo y reflujo de las olas.

    Creo que lo escribió Horacio Quiroga. La protagonista era una chica que, poco a poco, empieza a notar como va perdiendo energías en su transcurrir vital. Cada día se levantaba más cansada, cada día era capaz de hacer menos cosas, de ejecutar menos acciones, de vivir menos.

    Cada noche se acostaba pensando en descansar, en levantarse a la mañana siguiente fresca como una rosa después de haber recargado las pilas. Pero nada. Más bien al contrario, se levantaba casi más cansada de lo que se acostaba.

    Hasta que una mañana no tuvo fuerzas ni para levantarse. Había ido empalideciendo de forma paulatina, y se le diagnosticó reposo. Ya no volvió a levantarse. La vida se le fue yendo, paso a paso, ante la sorpresa y la consternación de los médicos y de la familia.

    Cuando murió estaba tan pálida que parecía de mármol. La alzaron para llevarla a enterrar, y fue entonces cuando descubrieron la causa de su muerte. Un bicho diminuto, un aparente parásito apareció sobre la almohada, gordo en su pequeñez, relamiéndose con la sangre de su pobre víctima, esa que había ido sorbiendo, poco a poco, noche a noche, durante tanto tiempo.

    Recuerdo este cuento ahora, mientras me encuentro en la cama, tumbado, con la cabeza sobre la almohada. No tengo ganas de levantarme. Me giraría y la inspeccionaría con detenimiento en busca de algún posible parásito, pero me da tanta pereza...