Con él se había también suicidado su abuela, viuda de Kiyomori, aquel líder Taira que había destrozado a los Minamoto 25 años atrás, y a quien Yoshitsune había jurado odio eterno y venganza. Kiyomori había matado a su padre y a sus dos hermanos mayores, y le había perdonado la vida a él, aún un bebé, y a otros dos hermanos, a cambio de exiliarlos para siempre y separarlos de su madre, Tokiwa Gozen, que se veía obligada así a ser concubina de Koyomori por el resto de sus días.
Ahora aquel clan maldito se ahogaba agónicamente. Nunca más un Taira volvería a tener relevancia alguna. La venganza de Yoshitsune se había completado y el samurái, orgulloso de su gesta y de su estirpe, no pudo evitar derramar una lágrima.
A partir de aquel momento, el trono del crisantemo recaería en Yoritomo, uno de los hermanos perdidos de Yoshitsune, con quien se había reencontrado después de 20 años de separación. Un Minamoto, al fin y al cabo.
Lo que Yoshitsune no sabía era que acabaría rebelándose contra la tiranía de su propio hermano, y que este mandaría acabar con él. Yoshitsune, pues, moriría traicionado y asesinado apenas cuatros años después de haber completado su venganza, y lo haría por orden de un Minamoto, de alguien de su propia sangre.
De haberlo sabido, probablemente, hubiera derramado algo más que una lágrima frente a Dan-no-Ura.
lunes, 3 de abril de 2023