jueves, 13 de abril de 2023

Ofréceme un don celestial

    - Ofréceme un don celestial -le dijo al genio. - Tú puedes hacerlo, ¿no?

    - Yo puedo hacerlo todo -le contestó el genio con suficiencia. Parecía que no bromeaba.

    - Pues venga, ¿a qué esperas?

    El genio hizo un ademán, aunque se detuvo antes de acabarlo.

    - Antes de cumplir tu deseo debo advertirte. Los dones más destacados, a veces, conllevan las más terribles maldiciones. Cada uno, en la vida, va forjando su propio destino. Pero un don... un don, como el nombre indica, es algo otorgado, externo. Puedes desearlo, pero nada garantiza que tu ser, en lugar de absorberlo, lo rechace...

    Las palabras del genio le hicieron pensar un poco. No porque dudara de su deseo, sino porque le parecieron complicadas, confusas, retorcidas, como si el genio estuviera intentando engañarle de alguna secreta manera.

    - Déjate de monsergas y ofréceme un don celestial.

    - Ni siquiera me has dicho cuál -respondió el genio en un suspiro.

    - ¿Y eso qué más da? Cualquier don celestial me acercará a los dioses. Si trae consigo una maldición, ya buscaré la manera de librarme de ella. Tal vez vuelva a por ti y te pida que me liberes.

    - Los deseos no son de ida y vuelta... pero en fin... sea cumplido tu deseo.

    Esas fueron las últimas palabras del genio. Luego alzó el brazo, apuntó hacia él y dijo unas palabras ininteligibles, antes de desaparecer.