domingo, 20 de mayo de 2007

Los genios ya no existen

Los pocos que quedaban murieron en la última oleada de apatía y vulgaridad. Desaparecieron sin hacer mucho ruido, ellos son discretos, ya se sabe. Anduvieron en vías de extinción durante décadas, y sin embargo jamás fueron una especie protegida. De hecho, a nadie le importó cuando dejaron de caminar por nuestras ciudades.
Así el mundo puede, por fin, sumirse agradablemente en la más profunda monotonía, y seguir rodando por inercia hasta donde quiera el azar llevarle de la mano.
Y las almas de los genios continuarán gritanto en el vacío, para toda la eternidad, en el interior de esos cubos de metacrilato que vagan a la deriva, donde no pueden ser escuchados por nadie...

lunes, 14 de mayo de 2007

Sobre el universo y otras pequeñeces

Así que el universo se expande o se contrae, una de las dos posibilidades, la primera según los últimos estudios.
Debe de expandirse porque las galaxias se alejan de nosotros cada segundo que pasa. Terminaremos por quedarnos solos en un cielo negro y vacío.
El universo se expande como un globo en el que, con un rotulador fosforescente, hubiesen dibujado puntitos y rayas. Nosotros somos un punto, y nos alejamos del resto a medida que insuflan aire en el globo, o en el universo.
¿Y qué pasará cuando el universo se expanda tanto, tanto, que no pueda aguantar más presión y estalle como una piñata? Entonces las galaxias se desparramarán como serpentinas de luz, y los planetas caerán y comenzarán a rodar como bolitas de caramelo.
Y alguien, en algún lugar lejano, se lo pasará pipa viendo tan luminoso espectáculo.
Igual se agacha a recoger una de las bolitas de caramelo, tal vez aquella que habitamos, y se la lleva a la boca dispuesto a comérsela...

jueves, 10 de mayo de 2007

La senda del perdedor

Porque la victoria aturde y obnubila, porque los ganadores se vuelven soberbios y vanidosos, porque siempre se aprende más de una derrota que de mil victorias, brindo por los perdedores, por los que lo han sido, lo son y lo serán, no por los perdedores circunstanciales, esos se curan con la siguiente victoria, sino por los que saben positivamente que jamás obtendrán ningún éxito meritorio.
A ellos nadie les mirará con admiración, nadie arrojará flores a su paso, nadie llorará conmovido por verles fracasar, porque sólo duelen los fracasos inesperados, la derrota continuada no impacta, sólo aburre.
Por eso alzo el brazo con el que sostengo mi copa, miro al cielo donde moran los triunfadores, y me hundo en la miseria del eterno perdedor con el orgullo, qué consuelo nos quedaría en caso contrario, de, al menos, seguir siendo aquel tipo desangelado que inició una senda que no podía llevar a otro lugar que a la nada.

lunes, 7 de mayo de 2007

El final de la cuenta atrás

10, 9, 8...
Quedaba tan poco... unos segundos y habría llegado al final de la cuenta atrás. Tanto tiempo esperando este momento...
7, 6, 5...
Pensó ilusionado en lo que sucedería cuando la sucesión numérica llegase al tan ansiado número 0. Lo intentó, al menos, porque se dio cuenta entonces de que no recordaba el porqué de esta cuenta atrás, hacía ya tanto que había comenzado, apenas recordaba si la había iniciado con un millón, o con varios, qué más daba...
4, 3, 2...
Tampoco importaba no saber qué sucedería. Mejor, así la situación se tornaba emocionante y su desenlace sorprendente. Si había comenzado a contar era, a buen seguro, porque merecía la pena. Era lógico olvidar la razón, en realidad llevaba no sabía cuántos miles de miles de segundos concentrado en el devenir de los números, después de cada uno de ellos siempre otro que reflejaba una cantidad menor. Qué sería, qué sería, seguro que se trataba de un suceso grandioso...
1, 0
Cuando su cadáver cayó al suelo, nadie supo muy bien determinar si la muerte se había producido por un infarto ante los nervios y la tensión del momento, o si la cuenta atrás iniciada hace años no eran más que los granos que quedaban en la parte superior del reloj de arena de su vida.