lunes, 2 de junio de 2008

En el fondo del mar, matarile, rile, rile...

Si quisiera guardar algo muy, muy bien, tan bien que nunca jamás pudiera encontrarlo, lo guardaría en el fondo del mar, bien profundo, en una fosa abisal, recubierto de la inconmensurable masa de agua salada y protegido por la soledad y la oscuridad.
Pero también haría lo mismo si quisiera deshacerme de algo, enviarlo lejos, tan lejos que nunca pudiera volver a encontrármelo. ¿Cómo va a escapar algo del fondo del mar? Allí, tan profundo, en una inmensidad como una enorme prisión líquida...
Allí tengo mi alma, en el fondo del mar. No sé muy bien si para protegerla de los demás, o para alejarme de ella y no volver a correr el riesgo de encontrármela de frente...

lunes, 26 de mayo de 2008

Alguien prendió la llama

Alguien tuvo que ser. La existencia era tan pacífica, tan cómoda... y de repente alguien prendió la llama, alguien posibilitó la chispa que inició las hostilidades, porque todo efecto ha tenido anteriormente una causa, un origen, de algún lugar procede todo el bien, pero también todo el mal, todas las alegrías y todas las tristezas, y habrá quienes pretendan obtener los méritos de las primeras y eludir las responsabilidades derivadas de las segundas...
Sin pretender juzgar al culpable, sin emitir alabanzas vanas ni acusaciones infundadas, lo más que podemos hacer es clamar por nuestra inociencia, lavarnos las manos, asumir que nosotros no queríamos, que no tenemos nada que ver, que ni siquiera rellenamos las instancias necesarias para estar vivos, que simplemente nos ha tocado y, sobre todas las demás consideraciones, que nosotros no comenzamos el fuego...

lunes, 19 de mayo de 2008

El toque de la muerte

Ayer la muerte se me acercó por la espalda. Me tocó en el hombro, con su dedo huesudo. Yo me giré y entonces la vi, su rostro cadavérico vuelto hacia mí con una mueca entre la sonrisa grotesca y el asco.
Yo sí que le sonreí. Le sonreí de verdad, francamente, como quien se reencuentra con un amigo largo tiempo buscado. Pensé que me agarraría del cuello, me arrastraría y me llevaría a sus dominios, allí donde no existe el tiempo ni el dolor, donde ella dicta las leyes con soberana cordura.
Pero no fue así. No me agarró, y su figura liviana se fue alejando y desvaneciéndose poco a poco, hasta desaparecer de mi vista.
Y yo me quedé sólo. Sólo y vivo. Como quien acabara de perder a un amigo y tuviera que iniciar cuanto antes su búsqueda incesante...

lunes, 12 de mayo de 2008

El fin de la historia

"¿Qué pensarán de nosotros en el futuro?", me pregunto últimamente. Y no me refiero a qué pensarán de mí como persona, que me parece que eso está claro, que en un par de generaciones como mucho después de mi muerte pasaré al reino del olvido, sino cómo recordarán la sociedad actual, esta de los siglos XX y XXI.
La verdad es que el siglo XX no empezó muy bien, aunque tampoco sé si desde entonces ha mejorado mucho. ¿Seremos recordados como la sociedad de los avances tecnológicos, de la informática y de internet? ¿O como la sociedad del capitalismo y la búsqueda del bienestar? Y las artes, ¿cómo pasarán a la historia? ¿Estaremos en la sociedad de la libertad artística o en la del sometimiento a los intereses económicos?
Me sitúo en el siglo XXV y trato de pensar en la visión que podrían tener con una perspectiva de 400 años. Y siento, sobre todo, curiosidad por saber si para la posteridad somos buenos o malos, si tendremos las culpas de todo, si llegaremos al fin de la historia por encontrar la sociedad perfecta o por destruirla, si el mundo seguirá existiendo en el siglo XXV...