Me encuentro sumergido hasta la cintura en el mar de la muerte. Entro en él poco a poco, paso a paso, con verdadero deleite. Los vivos ya no me hablan, me ven demasiado lejos, tampoco lo hacen los muertos, de momento, pero lo harán, llevo toda la vida callándome conversaciones interesantes y guardándolas para el momento que está a punto de llegar.
Las aguas del mar de la muerte son densas, muy densas, y negras como el petróleo. Comienzo a cansarme de andar y las plácidas ondas de la masa acuática en calma no pasan de mi ombligo. Juraría en hebreo, pero desconozco los entresijos de tal lengua; me rasgaría las vestiduras, pero me desnudé en la orilla.
Y empiezo a olvidarlo todo. Incluso empiezo a olvidar quién soy. No puede ser que la entrada en el reino de los muertos precise necesariamente una limpieza de memoria. No puede ser. ¿Qué será entonces de todas las conversaciones que pudieron ser y no fueron? ¿Dónde irán a parar?
lunes, 4 de junio de 2007
sábado, 2 de junio de 2007
El elegido
Y bajaron los dioses a la Tierra, en enormes naves llenas de luces y de ruidos extraños, y eran altos, altísimos, y rápidos como leopardos. Y podían volar. Vestían trajes que brillaban como el metal, y sus cabezas eran de cristal.
Enseñaron a los primitivos humanos las artes de la agricultura, de la arquitectura, de la vida en sociedad.
Todos pensaban que se quedarían para siempre, pero un día dijeron que se iban. Los hombres trataron de ofrecerles vírgenes apetitosas, les inmolaron toda clase de animales, les propusieron sacrificios humanos, pero los dioses, en lugar de rendirse ante las súplicas, montaron en cólera, y dijeron que eso no era lo que ellos les habían enseñado, y que esperaban que, en su ausencia, el ser humano no volviera a su estado de intolerable salvajismo.
Propusieron seleccionar un elegido de entre los humanos, alguien que habría de dirigir y juzgar, en caso necesario. Pero fue imposible. Eran todos tan planos, tan vulgares y corruptibles...
Y elegirlos al azar, por supuesto, no merecería la pena.
Enseñaron a los primitivos humanos las artes de la agricultura, de la arquitectura, de la vida en sociedad.
Todos pensaban que se quedarían para siempre, pero un día dijeron que se iban. Los hombres trataron de ofrecerles vírgenes apetitosas, les inmolaron toda clase de animales, les propusieron sacrificios humanos, pero los dioses, en lugar de rendirse ante las súplicas, montaron en cólera, y dijeron que eso no era lo que ellos les habían enseñado, y que esperaban que, en su ausencia, el ser humano no volviera a su estado de intolerable salvajismo.
Propusieron seleccionar un elegido de entre los humanos, alguien que habría de dirigir y juzgar, en caso necesario. Pero fue imposible. Eran todos tan planos, tan vulgares y corruptibles...
Y elegirlos al azar, por supuesto, no merecería la pena.
domingo, 27 de mayo de 2007
Lecturas recomendadas
Había leído tanto que los libros comenzaron a aburrirle. Los guardó todos en la estantería y salió a la calle a leer personas.
Las leía en cualquier lugar: en un café, en una reunión multitudinaria, en un supermercado. Cada persona narraba su historia de una manera, unas con infinita ilusión, otras desencantadas, algunas de sus historias eran trágicas, otras cómicas, otras innovadoras.
Era divertido leerlas, sumergirse en la trama y vivirla como si fuera real, pero, como los libros de verdad, también cansaban. No tenía mucho sentido leerlas dos veces, él no era de esos que leen y releen un libro hasta la saciedad. En el fondo, y a la larga, todas se repetían.
Decidió guardas algunas de estas personas, las que más le gustaban, las más interesantes, en la estantería. Algunas emitieron leves quejidos, los libros también se quejan si no los lees, pero la estantería lucía esplendorosa.
Habría que volver a los libros, aunque sólo fuera por unos días, hasta que volviera a cansarse de ellos.
Las leía en cualquier lugar: en un café, en una reunión multitudinaria, en un supermercado. Cada persona narraba su historia de una manera, unas con infinita ilusión, otras desencantadas, algunas de sus historias eran trágicas, otras cómicas, otras innovadoras.
Era divertido leerlas, sumergirse en la trama y vivirla como si fuera real, pero, como los libros de verdad, también cansaban. No tenía mucho sentido leerlas dos veces, él no era de esos que leen y releen un libro hasta la saciedad. En el fondo, y a la larga, todas se repetían.
Decidió guardas algunas de estas personas, las que más le gustaban, las más interesantes, en la estantería. Algunas emitieron leves quejidos, los libros también se quejan si no los lees, pero la estantería lucía esplendorosa.
Habría que volver a los libros, aunque sólo fuera por unos días, hasta que volviera a cansarse de ellos.
viernes, 25 de mayo de 2007
Los límites del reino de la memoria
Como Funes el memorioso. Todo lo que observas ha de ser archivado, todos los datos, las imágenes, las palabras y los gestos. Miles, millones de detalles recordados y mostrados como en una película, una infinidad de palabras dispuestas a ser recitadas como en una letanía incesante.
Eres lo que recuerdas. También eres lo que quieres ser, por supuesto, pero eso depende, siempre, de lo que has sido antes.
El reino de la memoria es una visita obligada para todos los que quieren ser uno mismo. Por eso es mejor mantener buenas relaciones con ellos. Diplomacia, se llama eso. Memorizar ha de convertirse en un placer, no en una tortura.
Aunque a veces sea difícil, especialmente cuando una caravana de objetos a memorizar se extiende hasta el horizonte, y más allá, donde se pierde la vista, y el tiempo que te has propuesto para completar el proceso es cada vez más escaso...
Eres lo que recuerdas. También eres lo que quieres ser, por supuesto, pero eso depende, siempre, de lo que has sido antes.
El reino de la memoria es una visita obligada para todos los que quieren ser uno mismo. Por eso es mejor mantener buenas relaciones con ellos. Diplomacia, se llama eso. Memorizar ha de convertirse en un placer, no en una tortura.
Aunque a veces sea difícil, especialmente cuando una caravana de objetos a memorizar se extiende hasta el horizonte, y más allá, donde se pierde la vista, y el tiempo que te has propuesto para completar el proceso es cada vez más escaso...