domingo, 15 de julio de 2007

El secreto mejor guardado del mundo

Para que nadie supiera sus secretos los escribió en un papel que dobló varias veces y metió en una cajita que fue introducida en cofre cerrado con siete candados, cada uno con una llave distinta, y envuelto en una gruesa cadena de hierro forjado.
Enterró el cofre en el interior de la tierra, en una zona inhóspita, en un agujero tan, tan profundo que, cuando quiso recuperar esos mismos secretos que había guardado, bien para desvelárselos al mundo, bien para recrearse con su recuerdo, le fue imposible.

miércoles, 11 de julio de 2007

La senda que desemboca en la iglesia

Vegetación a un lado, vegetación al otro, de tal frondosidad que parece un milagro que la estrecha senda se haya abierto paso a su través. Algunas ramas, atrevidas, te rozan el rostro, y no comprendes muy bien si pretenden advertirte sobre los peligros que te esperan si continúas o si sólo se acercan a saludarte y a admirar tu valor.
Repentinamente surge, tras unos setos y como un apéndice natural de la montaña, la pequeña capilla abandonada. Por poseer sus paredes compiten la hiedra y una especie de lagartija de rabo más largo y verdoso de lo que yo recordaba en otros miembros de su especie. De lo que fuera el altar de piedra sólo quedan pedazos dispersos.
Podría pasar aquí la noche, tal vez haya, en algún rincón, una entrada oculta a alguna cripta. Quizá allí descansan, desde tiempo inmemorial, los restos de un puñado de beatos que no encontraron lugar mejor para pasar el resto de su otra vida. Si pudiera unirme a ellos...

domingo, 8 de julio de 2007

El eterno desconocido

Me dijeron que no hablara con desconocidos, y desde entonces no dejan de aparecer por todas partes; desconocidos que pasean por la calle y te observan curiosos, desconocidos cuando vas de compras, o al cine, desconocidos que se cruzan en tu camino mientras conduces tu coche.
Yo, por supuesto, no les hablo. Y siguen, de este modo, siendo desconocidos. Y siguen observándome, algunos incluso se muestran dispuestos a entablar conversación, no sé cómo se atreven a acercárseme, siendo yo un desconocido también para ellos.
Pero de todos los desconocidos que aparecen en mi vida, de todos aquellos de los que huyo por mi propia seguridad, aquel que más me inquieta, el que más me ha preocupado siempre y más me ha quitado el sueño por su insistencia y su rostro grave, curioso, que invita a desconfiar, es aquel que aparece, posando fijamente sobre mí una mirada oscura e inescrutable, cada vez que me miro al espejo.

jueves, 5 de julio de 2007

Un inenarrable espectáculo pirotécnico

El Sol me escama, tan grande, tan soberbio, siempre rodeado de su aureola de luz, se cree muy importante, pero en realidad es un ser aburrido, monótono, todos los días haciendo lo mismo, prácticamente a la misma hora, yendo a los mismos lugares... ¿pero por qué demonios siempre se pone por el mismo sitio?
Seguro que es de esos que se llaman a sí mismos "animal de costumbres", y en el fondo lo que tratan de esconder es una vida insuficiente y una nula capacidad de innovación. Ese tipo de gente me pone nervioso.
Y ahí está, como cada tarde, sonriente sobre fondo azul, al menos es mejor eso que ocultarse detrás de las nubes para espiar como a través de unos visillos, como si no nos diéramos cuenta de que está ahí, me dan ganas de coger una piedra y arrojársela, al Sol, sí, arrojársela tan fuerte que quiebre su superficie para que por ella comience a verterse fuego, y que la incisión producida no soportase la presión de las toneladas de materia incandescente, y que el sol por fin estallase en el cielo en un impresionante espectáculo pirotécnico que veríamos tanto nosotros como los habitantes de la galixia de Andrómeda.
Eso sí que sería verdaderamente hermoso.