Arrojo al abismo todo lo que había escrito. Cuatrocientas páginas, quinientas tal vez, todo un mundo de aventuras, de experiencias, de personajes que aparecían y desaparecían y de las reflexiones de todos ellos. Miles de líneas, en definitiva, tan reales como la vida misma.
Las arrojo al abismo. Tal vez allí el viento las volviera a unir en un remolino que les diera sentido y conformara aquella novela que él ya nunca escribiría. Tal vez alguien las encontrara, aquellas páginas arrojadas para no volver a ser descubiertas, y les devolviera la vida.
Aquel que las encontrara descubriría, del mismo modo, a su autor. Lo descubriría entre sus páginas, lo descubriría tras cada palabra, tras cada apreciación, lo descubriría, inerte, en el fondo del abismo al que se lanzó en busca de su novela perdida.
sábado, 18 de agosto de 2007
sábado, 11 de agosto de 2007
Do you know where is the space?
Me estoy tomando una cerveza y me vienen un par de guiris. Uno me pregunta: "Do you know where is the space?". Estoy a punto de señalarle el cielo cuando especifica que el Space es una discoteca. Ni siquiera sé si su pregunta está bien construida, a mí me da que estos ni siquiera son ingleses, igual hasta son italianos. Les digo que no soy de allí, lo cual es cierto, y me preguntan: "Where can I buy some shit?" Mientras valoro la polisemia de la palabra "shit" les vuelvo a decir que ni idea, y se van a preguntarle a un niño de 11 años que pasaba por la calle. Al menos este sí que tiene pinta de lugareño.
Yo, por mi parte, quedo en suspenso entre la preocupación por mi aspecto de camello juerguista y la curiosidad por saber qué cosas pueden suceder, con lo larga que es la noche, en el Space infinito.
Post scriptum: Dos días después han vuelto a acercárseme. Esta vez la pregunta fue: "Do you know where I could find some grass?" Valoro, en este caso, la polisemia de la palabra "grass".
Yo, por mi parte, quedo en suspenso entre la preocupación por mi aspecto de camello juerguista y la curiosidad por saber qué cosas pueden suceder, con lo larga que es la noche, en el Space infinito.
Post scriptum: Dos días después han vuelto a acercárseme. Esta vez la pregunta fue: "Do you know where I could find some grass?" Valoro, en este caso, la polisemia de la palabra "grass".
martes, 7 de agosto de 2007
El apoteósico e inesperado gran final
La gran ciudad descansaba plácidamente. En sus calles no paseaba un alma, ni circulaban los vehículos, ni cantaban los pájaros, y difícil sería encontrar algún insecto pululando por sus esquinas.
Todos habían acudido a la gran función del Circo de la Humanidad que había llegado la noche anterior entre ruido de fanfarria y explosiones de luz y color.
Sólo en el parque, a la orilla del lago, donde los turistas toman el sol en las tardes de verano, dormitaba un tipo de pelo sucio y ropa desordenada.
Cualquiera diría que se trataba del último ser sobre la faz de la Tierra.
Eso, al menos, pensó él cuando despertó, la cabeza alterada por la resaca, el paladar ardiendo. Se arrimó al lago para beber un trago, cayó de cabeza, forcejeó por no morir ahogado, solicitó inútilmente ayuda, y sollozó al comprobar cómo él, el último espécimen humano con vida, iba a morir en circunstancias tan ridículas.
Al menos nadie lo sabría, desde luego, sus huesos serían devorados por organismos acuáticos microscópicos y sus restos jamás serían expuestos en un hipotético museo de una supuesta civilización futura y mejor.
Todos habían acudido a la gran función del Circo de la Humanidad que había llegado la noche anterior entre ruido de fanfarria y explosiones de luz y color.
Sólo en el parque, a la orilla del lago, donde los turistas toman el sol en las tardes de verano, dormitaba un tipo de pelo sucio y ropa desordenada.
Cualquiera diría que se trataba del último ser sobre la faz de la Tierra.
Eso, al menos, pensó él cuando despertó, la cabeza alterada por la resaca, el paladar ardiendo. Se arrimó al lago para beber un trago, cayó de cabeza, forcejeó por no morir ahogado, solicitó inútilmente ayuda, y sollozó al comprobar cómo él, el último espécimen humano con vida, iba a morir en circunstancias tan ridículas.
Al menos nadie lo sabría, desde luego, sus huesos serían devorados por organismos acuáticos microscópicos y sus restos jamás serían expuestos en un hipotético museo de una supuesta civilización futura y mejor.
sábado, 4 de agosto de 2007
Tomaban gin-tonics de forma indiscriminada
Tomaban gin-tonics de forma indiscriminada, juraría haber servido ya cuatro o cinco rondas cuando empezaron a elevar el tono de voz. Se desafiaban unos a otros, que si yo lo conseguiría sin problema, que si yo lo haría mucho antes. No llegué a saber muy bien de qué hablaban, tan sólo les vi escribir en una hoja de papel y estampar su firma, cada uno de ellos. Luego introdujeron el papel en un sobre y me lo entregaron con una sola indicación, no lo abras hasta que no vuelva alguno de nosotros.
De eso hace ya tres años. Cualquiera diría que es mucho tiempo. En realidad, dudo mucho que hayan permanecido en el pueblo. Es un pueblo pequeño, yo lo cruzo a pie cada mañana, en algún momento tendría que haberlos visto.
Pienso que se fueron lejos. No sé si los tres juntos, al mismo lugar, o a las mismísimas puntas opuestas de este mundo, pero estoy seguro de que se fueron.
No sé si volverán, la verdad. El sobre es este, aquí sigue guardado, y aquí seguirá hasta que alguno de ellos asome su jeta desvergonzada por esa puerta. Eran buenos clientes, los clientes de gin-tonic suelen ser fieles, a su bebida y a su camarero, no tengo razones para desobedecer sus instrucciones.
De eso hace ya tres años. Cualquiera diría que es mucho tiempo. En realidad, dudo mucho que hayan permanecido en el pueblo. Es un pueblo pequeño, yo lo cruzo a pie cada mañana, en algún momento tendría que haberlos visto.
Pienso que se fueron lejos. No sé si los tres juntos, al mismo lugar, o a las mismísimas puntas opuestas de este mundo, pero estoy seguro de que se fueron.
No sé si volverán, la verdad. El sobre es este, aquí sigue guardado, y aquí seguirá hasta que alguno de ellos asome su jeta desvergonzada por esa puerta. Eran buenos clientes, los clientes de gin-tonic suelen ser fieles, a su bebida y a su camarero, no tengo razones para desobedecer sus instrucciones.