miércoles, 21 de noviembre de 2007

El exterior de la caverna

Cuando el mudo salió de la caverna y vio la luz, lloró de alegría ante la contemplación del mundo que se le aparecía, y de impotencia por no poder contarlo a su regreso al interior.
Una vez allí balbuceó, gesticuló, recurrió a la mímica y a las más inverosímiles contorsiones del rostro y del cuerpo, pero no logró ser comprendido.
Cada cierto tiempo salía, y volvía a entrar tan sólo para comprobar qué enorme diferencia había entre el exterior y el triste interior de sombras y penumbras en el que habitaban los demás.
Hasta que el mudo puso por escrito su experiencia. No era fácil de expresar, necesitó mucho tiempo y un esfuerzo sobrehumano, pero cuando concluyó su escrito lo ofreció a todos para su lectura.
El escrito no logró ser comprendido. Todos se rieron de él e incluso hubo quien le reprochó su actitud. "¿Acaso insinúas que no te gusta nuestra compañía?"
Entonces el mudo, una mañana, sin ser visto por nadie, volvió a salir al exterior, y nunca más regresó.

sábado, 17 de noviembre de 2007

Abracadabra

- ¿Qué es la magia? -me preguntaban mientras me veían sacar un conejo de mi chistera. Sonreían y aplaudían, pero seguían preguntando con curiosidad.
- No nos bastan tus demostraciones. Queremos que nos desveles el secreto. ¿Qué es la magia?
Yo les hacía aparecer ramos de flores de los restos de un pañuelo arrugado, les sacaba monedas de detrás de las orejas y adivinaba todas las cartas en las que ellos pensaban. Pero ellos continuaban:
- No nos vale con verla, queremos comprenderla. ¡Queremos que nos digas qué es la magia!
Me introduje en una cabina, cerré la puerta y desaparecí para siempre.
Todavía a lo lejos, en la insustancialidad infinita, les oía preguntarse unos a otros:
- ¿Qué narices será eso de la magia?

domingo, 11 de noviembre de 2007

Una sinfonía en Dolby Surround

Siempre oyó voces en su cabeza. En un principio, cuando niño, pensaba que era algo que le pasaba a todos. Era divertido, como hablar con los amigos sin necesidad de tener a nadie alrededor. La gente le miraba raro, y sus padres resoplaban preocupados.
Cuanto mayor se hacía, más raro le miraban, hasta que llegó a la conclusión de que era posible que los demás no oyeran voces en sus cabezas, o que las oyeran pero a un volumen muy bajito, casi inaudible, o que las hubieran oído hacía tiempo pero ya se hubieran disipado.
Poco importaba. Sus voces eran divertidas, originales y ocurrentes, mucho más que la mayoría de las personas corpóreas. A veces cantaban a coro, como los ángeles, y sonaba tan bonito...; otras veces le aconsejaban, no hagas esto, haz lo otro, no le hagas caso a esta personas, aléjate de esta otra, mata a la de más allá; y a veces, pero muy pocas veces, las voces dirigían sus movimientos y gobernaban sus manos. En esos momentos llegaba a perder la consciencia.
Pero no pasaba nada. Él confiaba en sus voces y siempre despertaba en su habitación, a salvo. Luego era una lata limpiar la ropa manchada de sangre, pero lo hacía con placer si con ello podía gozar de su compañía...

martes, 6 de noviembre de 2007

No preguntes a quién maltrata el destino, porque te maltrata a ti

Siempre hay razones para sentirte el ser más desafortunado del mundo.
Puedes obviarlas, volver la cabeza y actuar como si no existieran; o puedes reconocerlas, detectarlas y asumirlas.
En este segundo caso, puedes rebelarte contra esas razones, luchar contra ellas y tratar de vencerlas; o puedes tomarlas como postulados invencibles y entregarte a ellas.
Si has decidido inclinarte por la segunda de estas opciones, puedes clamar al cielo, rasgarte las vestiduras y lamentar haber sido tú precisamente el elegido para sufrir por la fortuna adversa; o puedes consolarte pensando que, en cualquier caso, ser el ser más desafortunado del mundo tampoco es tan malo, que al menos eso supone que alguien, el demiurgo, el creador, el arquitecto de los destinos humanos, quién sea, se ha fijado en ti.
Porque no hay nada peor que pasar desapercibido, o, dicho de otra manera queriendo decir lo mismo, no hay nada peor que ser ignorado. Eso, al menos, dicen algunos, sobre todo los que todavía creen en el destino...