jueves, 31 de enero de 2008

Fantasías inanimadas de ayer y hoy

Siempre me he visto a mí mismo desmayándome delante de una tumba. Yo estaba solo, solo llegaba ante la lápida apoyada en el suelo y en la que había sido escrito un epitafio para alguien que me era desconocido, solo me quedaba observando el interior del nicho vacío, hueco, construido en ladrillo y yeso.
Siempre me veo pensando que una tumba podría ser algo más hermoso, mármol blanco de Carrara, o bronce, o parqué, yo qué sé, mucho ataúd decorativo para al final acabar en un agujero tapiado de forma chapucera.
Entonces pierdo el conocimiento, el mundo da vueltas por unos instantes y siento un ligero mareo. Cierro los ojos y ya sólo noto el golpe de mi cabeza contra el suelo.
Luego ya no recuerdo si abro los ojos o los dejo cerrados para siempre. Mis fantasías no llegan tan lejos. Si los abro, lo que veo es total y absoluta, opresiva oscuridad. Si no los abro, a nadie le importa, y a mí menos que a nadie.

sábado, 26 de enero de 2008

Tacirupeca jarro y el bolo rofez

- Abuelita, abuelita, qué ojos más grandes tienes...
- Son para verte mejor, querida niña...
...
- Abuelita, abuelita, qué orejas más largas tienes...
- Son para oírte mejor, pequeña...
...
- Abuelita, abuelita, qué dientes tan largos y afilados...
- ¡Son para comerte mejor!
Y entonces el lobo se despojó de su disfraz e hincó sus colmillos sobre la carne fresca y blanda de la niña, y de ella empezaron a manar chorros de tibia sangre. Ella, sorprendida en un principio, trató de debatirse con fuerza, pero el lobo arrancó de un mordisco la manita que trataba de apartarlo, acabando con cualquier intento de resistencia mediante un oportuno bocado al cuello. Entonces comenzó el festín, trozos de carne desgarrada, miembros inertes y sanguinolentos, todavía latentes, el rostro de la víctima ya desfigurado por una máscara de sangre y horror.
Y la abuela, encerrada en el armario, observaba a través de la mirilla cómo el cadáver de su nieta era pasto de las fieras. Ella sería la siguiente...
Cuando llegó el cazador, ya era demasiado tarde.

lunes, 21 de enero de 2008

El final de la música

Me empieza a preocupar un problema que atrajo a los pensadores durante siglos y que el mundo había olvidado en estos últimos años. El de la finitud de la literatura y de la música.
Piensen qué es una lengua, si quieren basándose en definiciones al estilo de Saussure: una lengua es un sistema de combinaciones y conmutación de sonidos cargados de significado. Genial. El problema es que estos sonidos, como los signos a través de los cuales se simbolizan, son finitos. Veinte, treinta en las lenguas de escritura alfabética, quizás más en las de escritura figurativa. Qué más da. El caso es que un número finito de elementos mostrará un número igualmente finito de combinaciones. De modo que llegará un día en el que todas las combinaciones posibles ya habrán sido utilizadas, de modo que todo lo que podría ser dicho en una lengua ya habrá sido dicho, y acabarán, pues, la originalidad y la posibilidad de creación.
Algo parecido ocurre con la música, sucesión de sonidos, ordenados en tonos y notas, elementos finitos. Se yergue, pues, como una profecía, el siguiente pensamiento: "Llegará el día en el que todas las combinaciones armónicas de sonidos, toda la música, ya habrá sido inventada".
¿Cuándo llegará ese día? ¿Habrá llegado ya? Observando que la gente cada vez dice menos cosas interesantes y originales y que la música cada vez es más pobre y parecida a sí misma, uno tiende a pensar que sí...

miércoles, 16 de enero de 2008

Soy el diablo en persona

Uno no puede dejar de sonreír al pensar en la enorme cantidad de investigadores, de iluminados, de sabios, de trastornados, de ignorantes o de desequilibrados que han buscado encontrarse con el diablo a lo largo de la historia con la finalidad más diversa, desde acabar con él a entregarse a su causa, desde plantearle cuestiones metafísicas a simplemente charlar alrededor de unos cafés.
Miles de vidas buscando la forma de invocar al diablo para que luego el diablo aparezca como, y cuando, le dé la gana. Que por algo es el diablo, que ya se preocupó suficientemente por nosotros cuando nos libró de la estupidez haciéndonos tomar del árbol de la ciencia. ¿Que de vez en cuando requiere el alma de algún inocente? Poco precio me parece para lo que su mera figura simboliza.
Y lo más divertido es que estoy convencido de que el diablo convive con nosotros, de que quizá está más cerca de lo que pensamos, de que es posible que cada día le saludemos en el trabajo, o le compremos el pan, o nos arregle las tuberías.
No me importaría que alguna vez revelara su identidad. "Soy el diablo en persona". "Encantado, ¿qué te trae por aquí?"