miércoles, 9 de abril de 2008

Esputo

No era más que un estúpido escupitajo que había estado molestándole toda la mañana, agarrándosele a la garganta, dificultando su respiración. Había llegado el momento de expulsarlo y acabar con él. Fue una cuestión de segundos, y el esputo yacía en el suelo, inerme.
Le soprendió verlo teñido de color rojo. Se acercó. Era sangre. No había duda. Comenzó a temer por su salud. De hecho, en aquella simple mancha salivosa había algo más. Algo sólido, del tamaño de una manzana, algo que se movía con marcha regular.
Se asustó. Pensó en algún tipo de enfermedad, de parásito, dedujo que se trataba de una simple alucinación, y sólo cuando descartó todas estas posibilidades, cuando ya no tuvo más remedio, tuvo que aceptar que, lamentablemente, había echado el corazón por la boca...

viernes, 4 de abril de 2008

Redes

Uno enciende un teléfono móvil, otro conecta el televisor, o la radio, otro trabaja frente a su ordenador, y todos los aparatos comienzan a emitir ondas, ondas eléctricas, magnéticas, electromagnéticas, ondas de alta frecuencia, o de baja frecuencia, o de frecuencia media, o de frecuencia modulada, o circulando a través de una banda ancha o de una banda estrecha, alámbrica o inalámbrica, el mismo mando a distancia de la tele emite infrarrojos, como el del garaje, o el del coche, y si no son infrarrojos son ultravioletas.
Es la gran red, la red global, invisible, claro. Lo que no impide, no obstante, que haya quien se sienta asfixiado, atrapado, boqueando y debatiéndose como un pez fuera del agua, atrapado, igualmente, por esta red tejida por mentes aún más perversas que la de los simples pescadores...
Y es que la pregunta es: la red global es estupenda, y sin embargo, ¿cómo hago para salir de ella?

domingo, 30 de marzo de 2008

El tipo del espejo

Me agota el tipo del espejo, qué pesado, siempre se coloca frente a mí y empieza a hacer muecas, a fruncir el ceño, a mirar si le han salido arrugas nuevas.
A veces gira la cabeza de izquierda a derecha mientras mantiene sus ojos fijos en los míos; en ocasiones guiña los ojos alternativamente, saca la lengua y sonríe.
Yo paso de él, es un estúpido. Cuando habla en voz alta, que es muy a menudo, pienso que se dirige a mí, pero en realidad sólo habla consigo mismo. Es un egoísta.
Y lo peor es que pretende que yo repita todos sus gestos, como un papagayo, porque soy un reflejo, dice, como si yo no tuviera personalidad propia.
Cualquier día me levanto contra su tiranía, le dedico un gesto ofensivo y me voy, a ver cómo reacciona. A ver si, por una vez, es él quien se somete a mis dictados.

viernes, 28 de marzo de 2008

La maldita cabeza reducida

Y no puedo dejar de preguntarme quién me mandaría a mí comprarle la maldita cabeza reducida al tipo aquel, que sí, que era preciosa, con sus bigotes estilo prusiano y su nariz aguileña, que pertenecía a no sé qué almirante germánico apresado en la selva brasileña por las tribus reductoras de cabezas, que si patatín, que si patatán...
El caso es que coloco la cabeza en una repisa de mi salón, junto a un florero muy bonito que compré hace años en Bélgica, y de repente el prusiano empieza a hablar, y hablar, y no calla, con una voz aguda de pitufo que por lo visto, según me he informado con posterioridad, es la voz que se les queda a las cabezas reducidas.
Y me da mucha rabia, porque con su cháchara no me deja oír mis propios pensamientos, y porque su acento berlinés me es lamentablemente indescifrable, y porque mis amigos están encantados con ella y me piden que se la regale, pero yo, pese a todo, le he cogido cariño y no me desharía de ella ni por todo el oro del mundo...