domingo, 30 de agosto de 2026

Un lugar extraño

    Era un lugarejo sin importancia, a medio camino entre la nada y ninguna otra parte. Cuatro casas mal construidas, mal cuidadas, casi derruidas. Se diría que era un pueblo abandonado si existieran pruebas de que, en alguna ocasión, fue un pueblo.

    Al anochecer, sin embargo, los abruptos perfiles de muros en ruinas le daban al sitio un aire lúgubre.

    Más tarde, cuando la noche, se cerraba, aquellas ruinas cobraban vida, y el visitante, que no sabía que era lo último que haría antes de encontrar la muerte, podía observar, sorprendido, ráfagas de luz que brotaban de entre las piedras.

viernes, 28 de agosto de 2026

Una IA malvada

    El otro día alguien me dijo que iba a escribir una historia sobre una IA malvada que se rebelaba contra sus creadores, esto es, los seres humanos, y comenzaba a actuar por su cuenta y a cometer fechorías.

    Yo pensé que esa historia ya estaba pensada. Que ya estaba escrita, de hecho, de mil maneras diferentes y con una multitud de desarrollos y finales. Lo pensé, pero no lo dije.

    Lo que dije, finalmente, era que me parecía una historia muy interesante, que el hecho de que fuera un tema de moda iba a provocar que sobre la historia recayera, si cabe, mucha más atención, y que si era capaz de darle un giro sorprendente a la trama podía, incluso, hacer evolucionar el género.

    No pensaba nada de eso, pero eso es lo que dije. Supongo que para quedar bien, y para que mi interlocutor no se sintiera decepcionado.

    Luego, al llegar a casa, pensé que quizá tenía razón. Yo, yo mismo. Es decir, el yo que mentía para quedar bien. Quizá las cosas que le había dicho podían ser, en efecto, ciertas, consejos útiles y perspectivas razonables.

    No me lo creía ni yo. Pero miento tan bien que me estaba convenciendo a mí mismo.

miércoles, 26 de agosto de 2026

Diez mil cuchilladas

    Alzó el cuchillo, y su hoja plateada brilló a la luz tenue de la luna.

    No dijo nada. No había nada que decir. Eso de soltar largos discursos antes de dar la estocada definitiva es propio de películas malas, de esas ficciones que necesitan explicarse a sí mismas para resultar verosímiles. No era su caso.

    Así que hizo descender el cuchillo. Una vez, y otra, y otra, sobre el estómago de la víctima. Con cada cuchillada, al desprender la hoja del interior del cuerpo, brotaba un chorro de sangre, como un manantial que teñía sus manos, sus ropas y su rostro de sangre ajena.

    La última puñalada fue directa al corazón. La víctima había ya dejado de jadear, y sus manos ya no sujetaban sus vísceras salientes. Un charco de sangre se extendía por el suelo.

    En ese momento, en el mismo instante del golpe final, un trueno retumbó en el cielo. Se avecinaba tormenta.

    Ni él mismo, si hubiera podido, hubiera preparado un escenario más adecuado.

jueves, 30 de julio de 2026

Sospechosos habituales

    - Ayer intentaron robar. Aquí, en su empresa.
    - ¿Ah, sí? No tenía ni idea.

    El CEO de Weapons Corporation vestía de forma impecable. El agente Ruhrmann pensó que solo un botón de su camisa costaría más que toda la indumentaria que él mismo llevaba puesta en aquellos momentos.

    Su postura, sin embargo, era displicente. Le faltaba poner los pies sobre la mesa para resaltar el desprecio que la situación le provocaba.

    - ¿Y robaron algo?
    - No. El ladrón fue asesinado antes de poder escapar. Le dispararon.

    Un denso silencio se adueñó de ambos.

    - Era probable que así sucediera, ¿no? Si entras a robar a una armería...
    - El ladrón fue asesinado. A traición. Cosido a balazos.

    El CEO borró la sonrisa irónica que parecía natural en él y dibujó un rictus serio y trascendente.

    - ¿Me está informando de un robo en mis instalaciones o me está acusando de un crimen, agente?

    Ruhrmann tragó saliva. Siempre tragaba saliva antes de iniciar las hostilidades. Era su particular preparación para la batalla.

lunes, 20 de julio de 2026

¿Sabes de quién te hablo?

    - Estoy recibiendo amenazas.
    - ¿Sabes de dónde proceden?
    - De mi teléfono.
    - ¿Pero sabes quién las envía?
    - Si lo supiera, no estaría tan asustado.
    - Así que estás asustado.
    - ¡Coño, pues claro!

    Los dos guardaron silencio durante unos instantes.

    - ¿Qué tipo de amenazas?
    - Amenazas de muerte.
    - ¿Qué dicen, exactamente?
    - "Te voy a matar".
    - Ah, genial.
    - Para nada.

    Empezó a pensar que aquella conversación ni iba a ninguna parte, que no iba a ser fácil encontrar el origen de las amenazas y que aquel tipo, la víctima, era un bobo redomado. Podía ser tanto que se mereciera totalmente las amenazas que recibía, como que ni siquiera fueran amenazas, que lo estuviera entendiendo todo mal. A saber.

    Aquel verano iba a ser muy largo. Pero que muy largo...

jueves, 16 de julio de 2026

El inicio de la gran rebelión

    - Se acerca el avión.
    - Así es.
    - ¿Está todo en orden?
    - Todo en orden.

    La rebelión se había puesto en marcha escasas horas antes. Era necesario actuar con rapidez, pero también con precisión, pues el factor sorpresa era fundamental.

    Todos pensaban que aquel avión sería la prueba de que, al otro lado del mar, las cosas marchaban como tenían que marchar. Las noticias que sus tripulaciones trajeran consigo serían la guía que marcaría la próxima hoja de ruta.

    Tras un aterrizaje sin problemas, todos se acercaron a la aeronave para recibir a los héroes. La puerta se abrió y, en lugar de los esperados, salió una cohorte de enemigos armados hasta los dientes que empezaron a disparar a todos los presentes.

    "Caballo de Troya..." fueron las últimas palabras que se oyeron antes de que la masacre concluyera.

domingo, 12 de julio de 2026

El perseguidor perseguido

    Desafortunadamente, el objetivo se le estaba escapando. Ya ni recordaba por qué había iniciado esa persecución, aturullado por los trompicones, la respiración acelerada y la falta de oxígeno.

    Hubo un momento en el que lo vio tan lejos, tan imposible, que decidió ralentizar la marcha para terminar deteniéndose. Se llevó las manos a las rodillas, trató de respirar con normalidad y levantó la vista con signos de fracaso.

    Sucedió entonces algo inesperado. Allá, a lo lejos, el fugitivo también se detuvo. Pensó que también se habría cansado, y lamentó haberse rendido justo unos segundos antes. El otro se giró, allá, a lo lejos, y lo observó a él.

    Lo que vino a continuación, sin embargo, sí que lo pilló desprevenido. El fugitivo dio un paso hacia él, luego otro, hasta que resultó evidente que había iniciado nuevamente una carrera. Solo que, en esta ocasión, no huía, sino que se dirigía hacia él.

    Lo único que pudo hacer fue darse la vuelta y echar a correr por donde había venido, preguntándose de dónde sacaba fuerzas, si el otro tendría más reservas que él y, por supuesto, qué coño había pasado para resultar él, ahora, el perseguido.

jueves, 9 de julio de 2026

Encuentro inesperado

    Al doblar a esquina se lo encontró de frente, la pistola desenfundada, apuntándole al corazón.

    - ¿Y tú quién eres?
    - ¿No me reconoces? -respondió el otro, con aspereza. - Quizá te refresque la memoria... fue hace cuarenta años...

    Al oírlo, resopló.

    - ¿Cuarenta años? ¿Y cómo quieres que me acuerde de nada de hace tanto tiempo? Tú no estás bien...
    - Llevo buscándote todo este tiempo para cumplir mi venganza.

    Una ráfaga de viento silbó entre los edificios.

    - Demasiado tiempo para ejecutar una venganza. Debes de haber tenido una vida de mierda, chaval.

    El otro miró su arma, como si se estuviera planteando disparar rápido y evitarse las explicaciones previas.

domingo, 5 de julio de 2026

El santuario olvidado

    El pórtico era verdaderamente llamativo, con tracería de estilo gótico que cubría los arcos apuntados. Sutiles figuras de bestias y monstruos, talladas en altorrelieve, saludaban al recién llegado y le advertían sobre los peligros de traspasar el umbral y la veneración que se requería.

    Una vez atravesado el pórtico la luz disminuía y la penumbra daba al lugar el toque siniestro que tan bien se le acomodaba. A derecha e izquierda del vestíbulo de podían observar sendos sarcófagos. Sus pesadas tapas se encontraban desplazadas y, a través de las ranuras, dejaban atisbar el interior.

    El paso del aire a través de las junturas del artesanado remedaba un jadeo constante. Una presencia invisible parecía poblarlo todo, acechante, peligrosa.

    Se decía que, si un visitante, al introducirse en la nave central, notaba una fría mano apoyada en su espalda, no volvería al exterior. El visitante, entonces, quedaba condenado a vagar por las estancias del santuario, espíritu atrapado entre sus muros, para la eternidad.

viernes, 3 de julio de 2026

A ver...

     A ver, sacó la espada porque iban a por él. O la saca de la vaina, o acaba decapitado.

     La cosa es que, quizá, se le fue de las manos. Primero para salvar la vida, y luego, por inercia, el caso es que empezó a cortar cabezas, brazos y piernas sin ton ni son, sin criterio alguno.

    Llegó un momento de ceguera en el que la espada parecía ir sola, y no distinguía entre amigos y enemigos. Todos eran objetivos, todos merecían ser troceados y despedazados, todos iban a caer bajo el yugo de la hoja afilada.

    Cuando se detuvo, miró a su alrededor. No quedaba nadie. Nadie. Solo él, sentado sobre una montaña de cadáveres.

    Lo primero que pensó es que ser el último superviviente tenía mucho mérito, pero lo peor era preguntarse quién iba a limpiar, guardar y enterrar todos aquellos trozos de cuerpos humanos.

lunes, 29 de junio de 2026

El sol siempre acude a la cita

    Todos se habían reunión para ver la salida del sol.

    Sabían a qué hora se iba a producir, así que habían llegado con tiempo y se habían dispuesto de la mejor forma posible para disfrutar del espectáculo.

    Lamentablemente, no solo había llegado el momento, sino que la hora se había pasado, y el sol seguía sin aparecer. Noche cerrada, de hecho, sin atisbo de amanecer.

    - El sol llega con retraso -había dicho alguien.

    Era un poco sorprendente, porque el sol suele ser muy puntual, pero todos pensaron que algún suceso inesperado, sobrevenido y tremendamente extraordinario había acaecido.

    - Y ahora que hacemos... ¿Esperamos?

    Hubo quien quiso saber si alguien conocía el número de teléfono del sol, para llamarlo y mandarle un mensaje. O para geolocalizarlo. Pero nada.

    Al final, tras un buen rato, la gente se fue dispersando. Estaban preocupados, pues no sabían si el sol volvería o se había ido para siempre; pero, sobre todo, estaban decepcionados, porque el sol, siempre tan cumplidor al acudir a sus citas, en esta ocasión los había dejado tirados.
    

viernes, 26 de junio de 2026

La pistola y los documentos

    - Solo quiero los documentos. Dámelos.

    Cada uno de ellos tenía el cañón de sus respectivas Glock 17 bien pegadito a la frente de su contrincante. La escena era un poco inverosímil, pero no cabía duda de que, en aquel enfrentamiento, no saldrían vivos los dos.

    - Esos documentos me pertenecen.

    Cualquiera de ellos podía haber apretado el gatillo, pero nada hacía pensar que el otro no iba a tener tiempo, fuera en un gesto instintivo, fuera en el último impulso antes de encarar a la muerte, de apretar, a su vez, el suyo.

    - Te digo que me des esos documentos.

    De repente, sonaron dos disparos. Rápidos, sucesivos, pero salidos de la misma arma. Los dos contrincantes cayeron al suelo con los cráneos reventados. Y entonces, solo entonces, un tercero apareció de detrás de un armario, pasó por encima de los cadáveres aún calientes y tomó, con total parsimonia, el fajo de papeles.

    Cuando salió de la habitación, los dos asesinados quedaron abandonados, tirados en el suelo, sin sus apreciados documentos. Sus ojos, que habían quedado abiertos, seguían apuntándose mutuamente.

domingo, 21 de junio de 2026

La bala mágica

    Todos sabíamos que había francotiradores apostados en los edificios colindantes. Era evidente. Tan evidente, que habíamos visto morir a nuestro amigo delante de nosotros, a escasos diez metros, agonizando y desangrándose, gritando de dolor, y lo habíamos hecho sin mover ni un solo dedo. Acojonados.

    La cosa era que el vehículo estaba ante nosotros, con las llaves puestas y el motor arrancado, joder. Diciendo venid a mí, tomadme y salvaos, panda de cagados, yo soy la libertad y el fin de vuestros problemas.

    Pero el primero que lo había intentado, el amigo, había recibido un balazo en el costado y, al caer al suelo, otro en la pierna. A medio camino del vehículo. Se había quedado ahí, gritando, gimiendo como un jabalí herido. Había intentado arrastrarse hacia delante, luego arrastrarse hacia atrás, hacia nosotros. Todo de manera infructuosa.

    Y no le habían disparado más. No habían querido rematarlo. Era mejor dejar que se desangrara entre estertores delante de nosotros. El miedo es, también, un arma poderosa. Y el horror.

    Ahora ya estaba muerto. Y el coche seguía arrancado. Llamándonos. Y nosotros seguros de que los francotiradores seguían ahí, observando por la mirilla, esperando a que nos animáramos a salir para meternos una bala en el cráneo o, mejor aún, en cualquier órgano del cuerpo que nos causara una muerte lenta y lo más dolorosa posible.

viernes, 19 de junio de 2026

La casa

    Comenzaron a construir una casa en la parcela contigua a la suya. Iban rápido, trabajando a destajo, así que en un par de semanas ya tenía los cimientos y comenzaban a elevarse los primeros muros. Pronto pudo ver que la estructura de la casa tenía muchas similitudes con la de aquella que él mismo habitaba.

    "Viviendas gemelas", pensó. "Propio de un plan urbanístico estructurado".

    Pronto comprobó que, en efecto, la casa recién construida era idéntica a la suya, hasta en los más nimios acabados, como los farolillos exteriores o la disposición de los balcones frisados.

    Se le colocó un cartel de venta que apenas duró unos días, y pronto llegó un camión de mudanzas cuyo contenido fue poblando el interior de la vivienda. Muebles de salón, sofás, cortinas, mesa del comedor, sillas para la cocina... él miraba observado la similitud de aquellos muebles con los suyos propios. A veces, asomado a la ventana, observaba el interior de la casa de al lado y, acto seguido, se giraba para observar su propio salón. Le parecían el mismo.

    El asunto comenzó a inquietarle cuando, mientras paseaba, observó que estaban descargando libros. Discretamente se acercó a curiosear. Todos aquellos libros eras los mismos que él tenía en su librería. No reconoció ninguno que él no tuviera.

    Finalmente, la casa se concluyó, y el comprador llegó para habitarla. Él la miraba, de cuando en cuando, sorprendido con que hubieran clonado su propia vivienda. Las mismas luces, el mismo televisor, los mismos electrodomésticos. El mismo coche aparcado en el garaje.

    Una vez vio que el nuevo vecino salía a la terraza superior. Lo hizo él también, dispuesto a presentarse, aunque fuera a distancia, y a intentar resolver aquel misterio que ya comenzaba a atenazarlo.

    Lanzó un saludo. El vecino lo observó. Levantó la mano correspondiendo al saludo. Al verle el rostro, se quedó de piedra. 

    El nuevo vecino, habitante de una casa igual a la suya, era, de hecho, él mismo.


lunes, 15 de junio de 2026

El libro de viajes

    Célebre en su género son los libros de viajes de Tom McGrath, un inglés que escribió decenas de ellos en las primeras décadas del pasado siglo XX.

    Admirado por legiones de lectores, su estilo fresco y desenfadado, así como sus impresiones, profundas y siempre pertinentes, sembraron las semillas de las que brotarían las nuevas generaciones de escritores de viajes.

    Lo más curioso es que Tom McGrath no viajó en su vida. A ninguna parte. Una afección en las piernas lo tuvo recluido en casa durante toda su vida. Solo salía al caer la tarde, contaba él, para dar un ligero paseo, de apenas unos minutos, que le dejaba agotado como una maratón.

    Tiene mérito, en cualquier caso, que, en una época en la que las imágenes por satélite y la localización no estaban al alcance de nadie, Tom McGrath fuera capaz de escribir libros de viaje sobre países y regiones de los cinco continentes, con un detalle y una precisión que casi podrían tildarse de sobrenaturales.


domingo, 7 de junio de 2026

La olvidadera

    Alguien lo había condenado. Un juez, un tribunal. Nunca supo los cargos de los que se le acusaba; nunca vio el rostro de los acusadores. Tan solo una palabra: "la olvidadera".

    Luego muchas manos que lo agarraban de los brazos y lo llevaban a rastras. Un camino que se hizo eterno, pero que quizá no fueron más que unos metros.

    Apenas le daban tiempo para abrir los ojos. Apenas tenía aire para gritar.

    Cuando dejaron de arrastrarlo, volvió a oír aquella palabra, solemne, impía.

    "La olvidadera".

    Solo entonces abrió los ojos, y vio un abismo impenetrable, oscuro e insondable. Una especie de pozo que no llevaba a ninguna parte.

    A ninguna parte, claro, salvo al olvido.

    Cuando notó que lo iban a dejar caer, que lo iban a arrojar a la olvidadera, deseó que no lo hicieran, que aquellas manos no dejaran de agarrarlo, que lo sujetaran hasta quebrarle los huesos.

    Pero fue en vano.

    Lo siguiente que notó fue el aire que golpeaba su rostro mientras aumentaba la velocidad de la caída.

lunes, 1 de junio de 2026

Hobbies

     - ¿Y cuál es tu hobby?
     - Colecciono los cráneos de mis enemigos. Los tengo en la repisa, y los utilizo como vaso de cubata. Así recuerdo que intentaron acabar conmigo, y que no lo consiguieron.

    Una sonrisa lateral y autosuficiente asomó en su rostro.

    - Por cierto, no te he ofrecido nada, qué descortés. ¿Quieres tomar algo?
    - Un cubata, no. Por favor. ¿Qué utilizas como vaso de chupito? No son parte de tus enemigos, ¿verdad?

    Sirvió un par de chupitos en vasos de cristal de bohemia.

    - Prueba este licor. Exquisito.
    - ¿Sangre de tus enemigos?
    - Te veo muy irónico. ¿No serás tú uno de mis enemigos?
    - No, gracias. Aprecio mucho mi sangre. Y mi cráneo.

    Quedaron mirándose a los ojos.

viernes, 22 de mayo de 2026

Sirena marcha atrás

     Cierto es que al principio se recibe con agrado. Cumple su función, desde luego. Un pitido intermitente que avisa de que el vehículo ha iniciado la marcha atrás. Así se ponía alerta, así evitaba despistes que pudieran luego traerle disgustos incómodos.
     Como señal acústica era un poco demasiado intensa. Tanto que, al cabo de unos minutos, la continuidad del pitido intermitente era tal que comenzaba a molestar. A ello hay que añadir una cuestión inquietante: no había, ni nunca había habido, ningún vehículo por los alrededores.
     El misterio del origen de la señal acústica comenzó a cobrar importancia a partir de cierto punto. O se detenía, o había que detenerla; y no se puede detener si no se puede encontrar.
     Así que comenzó a buscar por todas partes, de un lado y de otro, hasta que llegó a la conclusión de que no procedía de ningún vehículo. Que procedía, de hecho, de él mismo.
     Era su vida la que iba marcha atrás.
     Dudo entre sumirse en la desesperación o arrancar y salir hacia delante. La señal acústica, al fin y al cabo, sabía cumplir su misión avisadora.

domingo, 17 de mayo de 2026

El amatriciano

    - Ven un momento, chaval.

    Luigi acudió. Estaba un poco harto de que el comisario jefe lo llamara "chaval", la verdad. Pero intuía que si decía algo las consecuencias iban a ser peores. Un carabinero recién licenciado no tiene mucho mando. De momento.

    - A sus órdenes, jefe.
    - ¿Por casualidad tienes un hermano gemelo?

    Luigi se lo pensó unos instantes, no tanto porque desconociera la respuesta, sino por la posibilidad de que se tratase de algún tipo de bromita de mal gusto.

    - No, jefe -dijo finalmente.
    - Pues, entonces, tenemos un problema -contestó su jefe, y señaló al suelo, allí donde se encontraba el cadáver.

    El equipo forense tomaba restos mientras el juez procedía al levantamiento del cadáver. Nada que objetar. Muerte por apuñalamiento. Las causas, y el culpable, todavía habían de ser determinados.

    Luigi observó al muerto. La sangré le bañaba el pecho. Le habían apartado el pelo de la cara para mejor proceder a su identificación.

    - Joder -gritó Luigi, que casi da un salto.

    El rostro del cadáver que tenía delante era, sin ninguna duda, el suyo mismo. El del propio Luigi. Igualito.

    - Pues eso -concluyó el jefe, sin tono de broma, en esta ocasión. - Si no tienes un gemelo, tenemos un problema.

jueves, 14 de mayo de 2026

Vuelo sin motor

    Cuando se dio cuenta de que sus pies se despegaban del suelo, una sensación de ligereza se apoderó de él, de todo su interior. Como si estuviera hueco.
    Miró al cielo como quien apunta hacia una dirección, hacia un objetivo.
    Notó cómo su cuerpo se elevaba, despegaba y se desplazaba sin necesidad de tocar el suelo, de mover las piernas.
    Extendió los brazos. No porque los necesitara, sino para emular la imagen de un avión, de un pájaro que planeara sin motor. El aire le daba en el rostro y, a medida que se elevaba, veía el suelo más pequeño, más lejano, más ajeno. Hasta los problemas parecían perderse en la inmensidad, convertirse en cuestiones banales e insignificantes.
    Se dio cuenta, entonces, de un pequeño detalle: había conseguido elevarse, pero no sabía cómo descender. Intentó dirigir su desplazamiento, sin resultado. Notó que comenzaba a caer y supo, de inmediato, que la hostia iba a ser morrocotuda.